Remembranzas del IRA

El alza de precios del frijol rojo y, más reciente, el maíz en El Salvador ha generado la búsqueda de nuevas soluciones (contra el acaparamiento o la especulación), y en algunos casos, sugerencias de que se deben regresar a intervenciones en los mercados que fueron muy distorsionantes y contraproductivas, como el Instituto Regulador de Abastecimientos (IRA), que cerró hace más de veinte años.

La plataforma del Presidente Sanchez Ceren, El Salvador Adelante, incluye la medida de “Crear una red de almacenamiento, comercialización y distribución de productos de la canasta básica alimentaria, otros bienes básicos e insumos para la producción agropecuaria, recuperando la capacidad de almacenamiento de los agricultores en los municipios y la capacidad de almacenamiento del Estado.”

En una entrevista reciente, el Ministro de Agricultura y Ganadería (MAG), Orestes Ortez, “informó que el Gobierno trabaja para crear el Sistema Nacional de Abastecimiento, que busca equilibrar la relación entre el productor y consumidor”.

El IRA fue creado por la Ley orgánica del Instituto Regulador de Abastecimientos (Diario Oficial no. 114, tomo 159 del 25 de junio de 1953).  La filosofía que regía las operaciones del IRA estaba basada en: 1) el supuesto que el Estado debiera asumir la responsabilidad y tener la capacidad para incentivar la producción nacional de granos para abastecer el mercado nacional; 2) una falta de confianza casi absoluta en el sistema privado de comercialización de granos básicos, aduciendo márgenes exagerados y poder excesivo de mercado; 3) por consecuencia, el Estado debiera intervenir en la venta de productos básicos; y 4) que el Estado también debiera subsidiar a los consumidores para promover el bienestar social nacional.  Buena parte de estas distorsiones eran generadas por otras políticas del gobierno, la política cambiaria, fiscal y comercial.  Entonces, la operación buscaba compensar por estos efectos.

El algún momento, comercializaba maíz, arroz, frijol, azúcar, leche, maicillo y sal.  Las plantas almacenadoras del IRA tenían una capacidad de 2.26 millones de qq, y los centros de acopio, 696 mil qq.  También utilizaba bodegas privadas arrendadas con capacidad total de hasta 950 mil qq.  El IRA determinaba el precio de garantía para la compra de los productores con base en los costos domésticos de producción en promedio, premiando la ineficiencia en la producción.  Estos precios estaban completamente desvinculados a los precios internacionales.  En solamente un año (1978/79), el IRA alcanzó su meta de comprar por lo menos el 20% de la producción nacional de granos.  Los productores se quejaron por los pagos retardados, la falta de transporte, y discrepancias en peso y en la calidad de los granos entregados.  También existían alegatos fuertes de corrupción en las compras, y manipuleo político en las contrataciones masivas de empleados.  Estos tipos de operaciones todavía son muy susceptibles a la corrupción; sólo habría que ver un ejemplo contemporáneo en Venezuela.

El subsidio de precio a los consumidores beneficiados no fue focalizado exclusivamente en los más necesitados.  Incluso, los más beneficiados fueron los empleados de clase media del sector público y de las grandes empresas privadas que pudieron acceder a las despensas familiares del IRA, y los mismos dueños de agencias de venta del IRA.  Las disparidades entre los precios oficiales subsidiados y los precios de mercado creaban oportunidades de ganancias fáciles para estas personas.

Debido a su naturaleza de comprar a precios distorsionados por las estimaciones de los costos de producción y luego vender a precios subsidiados a los consumidores, el IRA siempre recurría a inyecciones de capital por parte del gobierno central.  Por ejemplo, en 1988, recibió transferencias fiscales de ¢28.5 millones (equivalente a alrededor de US$19 millones ahora), y prestó ¢144 millones del Banco Central de Reserva (US$95 millones en moneda actual).  Con la crisis fiscal actual, es clave buscar políticas efectivas y eficientes; el IRA no cumpliría con esa condición por costos operativos, sin incluir costos de inversión necesaria en infraestructura física.

En la ola de reformas estructurales del gobierno del Presidente Cristiani, el IRA cesó operaciones en 1990.  Aunque casi todos sus bienes han sido vendidos a privados o transferidos a otras instancias del gobierno, la institución nunca fue legalmente liquidada y disuelta.

Uno de los propósitos del IRA era la estabilización de los precios, pero es normal que los precios para bienes con meses específicos de cosecha, varían durante el año; sólo así se podría compensar el costo del almacenamiento en los meses que no son de cosecha.  Entonces, uniformizar los precios durante todo el año para estos productos desalentaba la inversión en infraestructura privada de almacenamiento.

Lo que sí es cierto es que el sistema actual de comercialización de granos básicos no es tan favorable para el productor, ya que por necesidad, vende en el momento de la cosecha, cuando el precio está en su menor punto.  Pero ¿cómo mejorar este resultado para el productor sin entrar en un sistema caro, distorsionante y susceptible a la corrupción?  En el próximo post, detallaremos esta propuesta alternativa.

Referencias:

Norton, Roger D., y Amy L. Angel.  1999.  La agricultura salvadoreña:  políticas económicas para un macro sector.  Fusades, San Salvador, mimeo.

Norton, Roger D., y Mercedes Llort.  1989.  Una estrategia para la reactivación del sector agropecuario en El Salvador.  Documento no. 6, Fusades, San Salvador.

About amyangel5

Economista agrícola, analista del sector agropecuario salvadoreño y centroamericano.
This entry was posted in economía de mercado and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink.

2 Responses to Remembranzas del IRA

  1. Pingback: ¿Se debe regular la especulación? ¿Cómo? | Rumiando sobre el agro

  2. Juan Carlos Zubillaga says:

    Pues esperaremos el próximo post. En general todos las intervenciones públicas en el mercado suelen ser muy ineficientes, con las consecuencias que esto supone, especialmente para los productores y/o los consumidores. No es menos cierto que el mercado agrícola, especialmente el de granos básicos en El Salvador, presenta graves y serias distorsiones en toda la cadena de producción y comercialización. Estas distorsiones las termina “pagando” los pequeños productores (precios reventados) o los consumidores (incrementos del precio del 100%). Dada la distribución del ingreso del país, se puede imaginar el impacto para una familia. Sólo en 2012, el ingreso promedio en el área rural fue de $338 y por sector de actividad económica, el sector agrícola tiene ingresos promedios de $138. Más de 2,3 millones de personas viven el área rural. Si el IRA no es la solución (no creo que lo sea)…entonces????

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s